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| Viaje al fin de la noche - Ed. Edhasa |
En el ejercicio se me pide que elija una obra de ficción “que aprecie”. Entonces recorro la biblioteca con la vista y la lista crece casi sin límite. Aprecio muchas obras, señora.
Muchas veces ocurre que, mientras avanzo con determinada lectura, encuentro suficiente evidencia para considerar que ésa (escrito así, con tilde para evitar toda ambigüedad), la del presente, es la mejor obra que he leído jamás.
Por eso, con un proceso de lectura así de fanático, resulta harto difícil inclinarme por una u otra.
Pero basta ya de rodeos. Para cumplir con la propuesta cerraré los ojos y seleccionaré el libro que mi dedo índice, tan ciego como yo, señale en el próximo instante. En un par de segundos abriré los ojos y zas! La magia está hecha.
VIAJE AL FIN DE LA NOCHE de Louis-Ferdinand Céline.
Sigamos con la propuesta del ejercicio: ¿por qué me gusta leer esta novela?
Porque el personaje no para de hablar o, mejor dicho, de pensar. Pero piensa con palabras. Entonces a mi, como lector, me da lo mismo tanto sea un parlamento o un pensamiento. Ahí radica el oficio del escritor. La celineada, diría yo como para acotar el asunto a esta novela.
Ese efecto de autor se logra porque el personaje parece estar vivito y coleando. A ver, para explicarme un poco más claro, diré que Céline da vida a su personaje poniendo en su boca palabras típicas del argot francés en época de guerra. Con esto logra que Ferdinand Bardamu salga del plano literario para acercarse cada vez más al plano de los cuerpos de carne y hueso.
Y el escritor no solo se vale de efectos lingüísticos para construir al personaje. Bardamu, con su discurso y pensamiento, nos presenta su filosofía. Algo así como una carta magna personal que justifica cada uno de sus movimientos. ¿Así que las personas de carne y hueso funcionan de acuerdo a una suerte de constitución individual? No, no solamente.
Hay momentos en que Bardamu se aparta de esta carta magna implícita para hacer lo que el cuerpo, como materia, le ordena sin más fundamento que el deseo carnal. Así llega, por ejemplo, a esperar en la sala de alguna casa acomodada (o de algún argentino que anda de negocios en París para hacer dinero con las contingencias de la Primera Guerra Mundial) a que su mujer termine de brindar los servicios sexuales que le dan sustento económico. Y él espera. Con paciencia. Aunque por dentro imagine las peores situaciones (o las mejores felaciones, depende de que lado usted mire el hecho) que tienen lugar en la boca de su amada.
También considero que la magia (para apegarme a la pregunta de este ejercicio) radica en la profundidad de las reflexiones que abundan en el pensamiento de Ferdinand Bardamu.
Una que recuerdo ahora: «Cuando sigues un entierro, todo el mundo se descubre, ceremonioso, para saludarte. Da gusto. Es el momento de comportarse como Dios manda, de adoptar expresión de decoro y no bromear en voz alta, de regocijarse sólo por dentro. Está permitido. Por dentro todo está permitido.»
Entonces: ¿cómo no apreciar esta novela? Ya sea una libreta de almacén, una servilleta, una presentación de Power Point o cualquier otro lienzo con palabras escritas que advierta que “por dentro todo está permitido” es digna de ser apreciada. Y en mi caso incluso más. Porque además de lo romántico o heroico que la cita pueda sonar, es también una revelación sobre la característica más poderosa de toda ficción. Perdón si caigo en una obviedad pero es la ficción nuestra única posibilidad de saber lo que pasa por dentro. Y también es el único terreno donde tenemos libertad absoluta para que eso que está sucediendo se mueva hacia todas las direcciones que necesite moverse.
Está bien, llegado este punto confieso que no elegí este libro al azar. Simplemente necesitaba una ficción para ejercitarme y seleccioné la que me parece la mejor de toda la historia. De todos los tiempos. De todos los autores. De todas las palabras. Sí. En EL VIAJE AL FIN DE LA NOCHE (Voyage au bout de la nuit, en su idioma original) encontré la magia que sólo aparece cuando los personajes logran separarse del papel y salir corriendo hacia el encuentro de su propio destino.
Para ser honesto, no sé si es la mejor o no. Ya sabemos que eso, a menos que esto fuera una competencia, no tiene importancia alguna. Sin embargo, y por esto para mi sí es un hecho trascendente, desde hace meses no puedo parar de leerla. Sigo a Bardamu a la batalla que sea.

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