viernes, 24 de agosto de 2018

Tiempo

Y luego, simplemente, me levanto y espero que todo transcurra, hora tras hora, sin saber lo que viene; más aún, sin saber cómo esperar. Espero sin saber hacerlo. Quizás por eso todo se convierte en novedad, aún reiterándose jornada tras jornada. No intento detener el avance de los minutos. Una vez, recuerdo, una vez intenté detenerlos pero resultaron más rápidos que mi velocidad, y peor aún, más obstinados que todas mis obstinaciones, juntas, unidas, desesperadas. Y por eso ahora, en este presente que se esfuma, ya no lo intento. No por estar cansado ni recién despierto. Simplemente porque no sé cómo hacerlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario